Puedes ver los avisos por contenido sensible al final de este post
Yucu
De Giovanna Rivero
Lo primero que se distingue de la
turba que grita mi nombre con una mezcla de fanatismo y horror es la
escandinava cabeza pelirroja de Olaf Stamm, el cura, que está allí
supuestamente para controlar los ánimos y garantizar que se me aprehenda con
las garantías de ley. Que se ejemplarice la punición del más execrable de los
pecados, pero que el pueblo no manche sus manos.
No me sorprende reconocer a la
cocinera entre el gentío. La disculpo. El rostro moreno sobreexpuesto al sol y
a la tristeza ni siquiera gesticula. Está allí porque tiene que estar. ¿En qué
otro lugar podría aguardar por la reaparición de la hija, la meserita de ocho
años, cuyo colmillo izquierdo yo guardo en calidad de obsequio? Si la cocinera
tocara a mi puerta con seria amabilidad, yo le devolvería el colmillo, para que
por lo menos tuviera algo de la hija, un recuerdo.
Pero así, con brutalidad, yo no cedo.