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lunes, 14 de septiembre de 2020

Capítulo #16 - Yucu, de Giovanna Rivero

 

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Yucu

De Giovanna Rivero

 

Lo primero que se distingue de la turba que grita mi nombre con una mezcla de fanatismo y horror es la escandinava cabeza pelirroja de Olaf Stamm, el cura, que está allí supuestamente para controlar los ánimos y garantizar que se me aprehenda con las garantías de ley. Que se ejemplarice la punición del más execrable de los pecados, pero que el pueblo no manche sus manos. 

No me sorprende reconocer a la cocinera entre el gentío. La disculpo. El rostro moreno sobreexpuesto al sol y a la tristeza ni siquiera gesticula. Está allí porque tiene que estar. ¿En qué otro lugar podría aguardar por la reaparición de la hija, la meserita de ocho años, cuyo colmillo izquierdo yo guardo en calidad de obsequio? Si la cocinera tocara a mi puerta con seria amabilidad, yo le devolvería el colmillo, para que por lo menos tuviera algo de la hija, un recuerdo.

Pero así, con brutalidad, yo no cedo.

lunes, 25 de mayo de 2020

Capítulo #11 - La llamada de Yksana, de Soledad Cortés


La llamada de Yksana

De Soledad Cortés 



Día 1. Planeta Arentakis

Nuestra misión se ha salido de control. Lo que pretendía ser un aterrizaje perfecto terminó con nuestra nave destruida por un fallo en los propulsores. Es inaceptable que no se hayan procurado los protocolos de seguridad necesarios.
Afortunadamente logré escapar en una cápsula de salvamento, mis otras hermanas también lo hicieron. Espero encontrarlas pronto, tenemos una misión que cumplir en este lugar.
Gracias a mi traje termoquímico, he logrado evitar heridas de mayor gravedad. Ha protegido mi cuerpo de amenazas como quemaduras o fracturas al hacer contacto con el suelo.
Pero mientras, continuaré con el protocolo de supervivencia en este tipo de emergencias. Cambio y fuera.

lunes, 9 de marzo de 2020

Capítulo #05 - Amargo, de Flor Canosa


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Amargo

De Flor Canosa



Blanca encontró las uñas de Félix olvidadas en una servilleta sobre la mesa de luz. La crianza judía de Félix lo obligaba a arrojar las uñas al inodoro, triste émulo del río Jordán. Blanca estaba por ocuparse de la tarea como tantas otras veces en que Félix dejó el ritual a mitad de camino, cuando decidió abrir la servilleta y se encontró con las veinte garras en miniatura. No era la primera vez que veía las uñas de su novio, era la primera vez que una sombra le cruzó la mente.

lunes, 24 de febrero de 2020

Capítulo #04 - Amarás a tu madre por encima de todas las cosas, de Elaine Vilar Madruga


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Amarás a tu madre por encima de todas las cosas

De Elaine Vilar Madruga


Para Cormac McCarthy


A veces se despeja el cielo. Del gris mármol de las nubes sale un rayo de sol, una cucaracha ínfima y luminosa que mira la podredumbre de los campos desde arriba. Mamá encoge los ojos, pero llama a la niña, que vaya, sí, que la pequeña Anisha camine sobre la podredumbre de los campos, un poco más lejos, que ande justo hasta el sitio donde se extiende la alambrada de púas con el letrero de juguete, ese que Anisha contempla siempre: el letrero con la imagen de la calavera y los dos huesitos cruzados. Si Anisha supiera leer, no tendría necesidad de preguntarle a Mamá por qué están rayadas las palabras en el letrero ni quién ha violado la sonrisa de la calaverita; por qué el mundo está dividido en dos pedazos, fuera de las alambrada de púas, dentro de la alambrada. Aún Anisha no ha descubierto dónde es realmente afuera y dónde adentro. Mamá no tiene tiempo de contestar las preguntas de la hija, pero siempre advierte cuidado con las ratas, si vas hasta el borde, Anisha, mantente alerta y no te entretengas demasiado frente a la calaverita, ni empieces a buscar tesoros en la tierra, recuerda que hoy tendremos pocas horas de sol, muy pocas, y la oscuridad atrae a los grupos de ratas con sus antorchas y también a las bombas que caen desde el cielo. Lo repite diez veces. Mamá lo repite diez veces mientras taladra a Anisha con la mirada como si quisiera descubrir si la niña será obediente. Ser obediente es la manifestación más grande de amor hacia Mamá, y Anisha lo sabe aunque lo olvide en ocasiones. Estarás atenta al silbato, Anisha, Mamá vuelve a la carga, en cuanto lo escuches, retornarás conmigo.

jueves, 16 de enero de 2020

Capítulo #02 - Recambio, de Isa Prospero



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Recambio

de Isa Prospero


Prometió que mantendría el corazón, pero las circunstancias cambiaron. De todas formas, no era más que superstición, todo eso de que el corazón-es-dónde-habita-el-alma; no hacía falta ir al colegio para saber que es el cerebro el que da las órdenes (si no fuera así, cualquiera con un corazón bruñido sería un idiota que solo sabe gimotear o un robot sin emociones y Jô conocía a gente que lo había hecho). Era igual que vender una pierna o el hígado, solo que un poco más complicado por toda la sangre que latía atravesándolo. Pero imposible explicarle eso a su madre.

Así que no lo hace; no se lo dice. Se limita a salir de la caja de acero en la que viven sin decir palabra y, cuando ella le grita:

—¿Dónde vas?

Él miente con fluidez:

—Al desguace.

jueves, 9 de enero de 2020

Capítulo #01 - Soñarán en el Jardín, de Gabriela Damián

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Soñarán en el jardín

de Gabriela Damián Miravete



Metas a corto y largo plazo:
-Entrar a natación
-Trabajar duro para pagar la inscripción de la escuela
-Juntar dinero para el Cervantino
-Hacer el clóset
-Pintar la casa en septiembre
-Comprar las sillas del comedor
-Comprarme unos zapatos
-Leer a Platón
-Hablar y ser simpática con la gente.
Nota de puño y letra de Erika Nohemí Carrillo (en una fotografía de Mayra Martell).

Los naranjos estarán cargados de frutos, y sus flores llenarán el aire húmedo del jardín oeste. Una neblina sedosa refrescará las puntas del pasto, de la hierba crecida de aquel prado. El sol saldrá siempre por detrás del almendro y las ramas del árbol más viejo, un corpulento ahuehuete, se extenderán primero hacia sus rayos, estirándose como una muchacha que quiere desperezarse. Alrededor de las nueve el jardín se irá poblando de siluetas. Algunas se saludarán entre ellas. Otras se espantarán con la caída de alguna naranja, y se alejarán riéndose hacia la sombra de otras hojas. Unas más mirarán hacia el mar que, bajo la pendiente que eleva al jardín oeste sobre la playa, rugirá y se extenderá hasta treparse en el azul grisáceo del cielo.