Su nombre es Ceres
por Solange Rodríguez Pappe
Yo estoy libre de cualquier responsabilidad porque a la muchacha la eligió Sofía. Nos pusimos de acuerdo en pagar a medias un cuidador para la mamá desde la Navidad definitiva en que confundió la maicena con bicarbonato al momento de hacer la salsa de mostaza para las guarniciones. Después de ese incidente convinimos en que la mamá ya no podía estar a su aire, que ya mucho aislamiento había tenido en ese lustro de viuda en que pasaba sus días alimentando a los animales del vecindario que venían a tener vida salvaje en el jardín. A demás, nos dio miedo de que se envenenara sola mezclando sazones y luego nos culparan de su asesinato. Creíamos que requería ayuda porque con el tiempo la casa parecía haber duplicado su tamaño, ya no era una villa reluciente con un porche florecido y un espacioso patio en un barrio residencial, ahora era una casona con habitaciones deshabitadas en medio de edificios que parecían titanes. Debíamos de reconocer que con nuestros respectivos rumbos adultos, ambos no le prestábamos atención ni al hogar del que habíamos venido ni a la madre.