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sábado, 12 de junio de 2021

Capítulo #34 - Poetas Astronautas, de Carmen Lucía Alvarado

 


Poetas astronautas

por Carmen Lucía Alvarado


Todos los poetas quisieron ser astronautas primero

pero el mundo fue demasiado real

y el universo demasiado gaseoso

para poder penetrarlo con su miseria

todos los poetas quisieron tener telescopios

que develaran que la fantasía es algo

que se mueve ciegamente en la nada

todos los poetas señalaron a las estrellas

y nombraron constelaciones

en lugares que no existen

todos quisieron viajar a la velocidad de la luz

esconderse en la nebulosa de Orión

ser tragados por agujeros negros

declarar que dios no es un viejo que vive en el

cielo

porque el cielo es la versión ridícula

de la vastedad del universo

de la inmensidad

y de la eternidad

todos los poetas quisieron contar en cuenta

regresiva

y despegar al vasto desconocimiento

el desconocimiento los despegó a ellos

y ahora escriben pequeñas cartas a su amada

fantasía

 a sus viajes astrales

los agujeros sí los tragaron

pero los cuerpos evidencian lo contrario

los cuerpos se quedaron habitando esta tierra

esta vida

estas ciudades

estas veredas de la realidad

los agujeros los succionaron

y les dejaron a cambio

mentes que anhelan un regreso a la nada

sí, están escondidos en la nebulosa

la de Orión

la de los sueños

la de las madrugadas

la nebulosa que despide su propio cuerpo

usan a los poemas, sí, los usan

nombran al mundo, sí, lo nombran

cuentan en cuenta regresiva

y lo que surgen son letras

y pequeños retazos que se desprenden de los

días

esos retazos serán quizás

las migajas de pan que señalen el regreso

el ansiado regreso

 

Esperan en esta playa redonda que es la tierra

en esta playa en la que el oleaje del universo

golpea y marca el paso del tiempo

esperan a que su planeta se acerque

como una embarcación perdida

que ha llegado impulsada por su naufragio

su planeta vendrá a recogerlos

ellos subirán a él

se abrazarán a él

entrarán en su atmósfera

convertidos en un destello fugaz

 

La poesía es una infección que posee su

cuerpo

desea expulsarla

para poder tenerla entre las manos

como una criatura

maléfica y hermosa

una criatura que tiene su rostro

y que se retuerce al tocar el aire

la angustia es el cincel

con el que moldea a esa criatura

el miedo es el aliado de la espera

el tesoro que se desliza entre una y otra nada

al que en su quietud

el poeta astronauta persigue

para sacar de su cuerpo a la poesía

y recibirla envuelta en vacío y misterio

teme poeta astronauta, porque solo el miedo

rasgará las paredes internas de tus mundos, solo

el miedo hará girar a los planetas lejanos en los

que tu angustia brilla

como una lágrima de la noche

 

El poeta astronauta ronda su cuerpo

con el cincel del miedo sobre la piel

miedo incisivo de su yo efímero

que escribe con líneas delgadas y profundas

la palabra vacío

la palabra tiempo

la palabra infinito

la palabra futuro

la palabra muerte

Lenta y dolorosamente

el poeta astronauta regresa a su sarcófago-

cuerpo

y se encierra de nuevo

tras las rejas de su sangre que circula

tras los paredones oscuros de piel y carne

 

El poeta astronauta escucha cantos

atrapados en los muros

las voces de las almas viejas

crecen como un salitre sobre ellos

la voces de los durmientes del futuro

que se gestan como gritos larvales

él transcribe esas voces

en los muros de la realidad

las transcribe con palabras difusas

que brotan del planeta en caos

del planeta miedo

del planeta cerebro que orbita solitario

entre su cráneo

con la sensación de raíces que salen de sus pies

con el primer temblor de una rama

que recién brota de una tierra lejana

transcribe las lamentaciones atrapadas

transcribe los temores del futuro

vestido de tiniebla

ve los muros crecer frente a él

formando los laberintos

que lo cubren y lo esconden del mundo

 

El poeta astronauta golpea con fuerza

las paredes de su cuerpo

invoca al movimiento como a un recuerdo

perdido

en las horas de la luz

empuja a su cuerpo

con esferas luminosas que imagina

con todas las figuras que se enmarañan

en el planeta perdido de su cerebro

con todas las imágenes

que son millones de raíces

que se tejen en su planeta

raíces que se acumulan

y crean bosques obscuros

cuevas inmensas

bóvedas desconocidas

infinitas

vacías

llenas con la historia del tiempo

llenas con el clima de un planeta

que nadie ha habitado

solo él

solo el poeta astronauta

que graba en las paredes de esas cuevas

milenarias

las palabras y las formas deja señales

como un acto de fe bastardo

como una carta enviada a él mismo

que espera regresar

entre un tumulto de civilizaciones futuras

que poblarán su planeta perdido en luz

y entonces

algún día

pueda descubrir lo que ahora escribe

con las uñas y con los gritos que salen de su

boca

como herramientas punzantes

que hieren las paredes de lo desconocido

 

Al fondo del universo las raíces del tiempo

sostienen troncos invisibles

de árboles ancianos

árboles estelares

que se alzan como estelas transparentes

ciegas luces apagadas

que sostienen en su extremo más elevado

las frondosas nebulosas

nidos de soles futuros

semillas de planetas extraños

Al fondo del universo

me muevo como un animal marino

con la presión de la vastedad sobre mis

hombros

veo las marcas del tiempo

las marcas del misterio

huellas vírgenes que atraparon

el temblor de la creación

Al fondo del universo

los miedos son faunas luminosas

que se esconden

entre las rendijas del tiempo estático

resguardados del infinito en caos

que pesa en su totalidad

sobre sus temerosos cuerpos

gigantes y luminosos

 

El poeta astronauta vuelve de su travesía.

Aun brillante, flota afuera de su ventana. Adentro

su cuerpo, convertido en árbol, lo espera

Como alma que levita cerca del cuerpo

regreso

a la ventana muelle que me despidió

cuando efímero salí de un cuerpo caverna

cuerpo tronco

cuerpo árbol

veo la corteza de mi cuerpo

como las señales de un sismógrafo

que marcó la angustia en mi superficie

creyéndome habitante estrella

atravesé el silencio

como un lenguaje luminoso

que olvidó las palabras

busqué las atmósferas de mis planetas

infinitamente lejanos

para conmover almas de seres soñados

mientras veían mi luz caer

como una lágrima del cielo

desplomándose

me refugié en la profundidad

del mar oscuro del no

en el que ondulé

como una efímera existencia acuática

tocando las arenas del fondo del universo

ahora

regreso a mi cuerpo muelle

cuerpo faro

y mi luminosidad tiembla

se va opacando

adentro el cuerpo-árbol agita el tiempo

como una danza de angustia

en el silencio

mi cuerpo se aferró a la realidad

esperando mi regreso

Mis ramas retorcidas han logrado estallar en

hojas

y han dado frutos

pequeños planetas que cuelgan de sus

extremos

Aún luminoso

como una estrella fugaz recién llegada a tierra

entro

trepo por mis extremidades-rama

toco el surco de mis ojos

el pozo vacío de un grito

que corona mi boca-agujero

la eternidad que aun me habita

brota como un regato de infinito

El poeta astronauta llora y en el gemido de su

llanto se escucha el eco del universo. Se abraza y

siente el palpitar de su cuerpo convertido en árbol

que deja caer un fruto-planeta para que recuerde

que es de él de quien se alimenta. El poeta

astronauta se desvanece y entra por las rendijas de

su rostro petrificado en el tronco. Vuelve a palpar

el interior de su cuerpo. Aún solloza.

 

El vacío se conjuga entre tus manos

siéntelo

deja de ser nada para convertirse en piedra

golpea al vacío contra tu cráneo

golpéalo una y otra vez

retira los huesos rotos

introduce tu mano entre el agujero de tu cráneo

siente la humedad de tu razón adherirse a tus

dedos

saca tu cerebro gris y húmedo

trozo de materia cruda y muerta

con algo de molusco y mucho de misterio

contempla la belleza

atrapada entre sus ranuras

tómalo entre tus brazos

como a un hijo nonato

apriétalo contra tu pecho

arrúllalo

lávalo con el llanto empozado entre el que

caminas

cántale

cántale la belleza que quisiste nombrar a través

de él

cuéntale de los futuros improbables de lo

sublime

de los abismos infinitos y misterios del silencio

de los poemas que esbozan los sueños de los

dioses dormidos

De rodillas el poeta astronauta inventa mitologías

para dormir con su cerebro muerto entre los brazos

 

Como un ente desquiciado que rebota contra

las paredes de la razón

el murmullo de las preguntas

avanza por la noche

Los poetas astronautas

abren los ojos-dagas que rasgan la oscuridad

el miedo los viste con su traje sideral

los viste de angustia y asombro

El poema inmenso

tiene el color de todos los atardeceres del tiempo

el color de la muerte de un astro

el color de la angustia

el bello miedo color fuego

que inundó todos los atardeceres de la existencia

el poema se acerca

su belleza nos aniquilará

y dejará a los días azules de nuestro planeta

convertidos en una roca sin luz

flotando en el infinito

girando en la órbita del silencio

 

Han pasado ya milenarios entierros de las

horas

desde el momento en que los cuerpos árbol

fueron abandonados

cuando como lágrimas gigantes

los poetas astronautas

salieron de las cuencas de madera

y efímeros y luminosos

levitaron

sin voltear a ver

sus cuerpos

Sin voz

los cuerpos árbol extendieron sus extremidades

para gritar el silencio del abandono

árboles cuerpo salen de las ventanas

asomando sus ramas tenebrosas

como un lenguaje milenario

inexacto y torpe

que acumula verde hojarascas

a sus pies

ellos

luminosos y etéreos se elevaron

se hicieron pequeños horizontes de luz

y se marcharon

las palabras flotan como vestigios insomnes

como monumentales astros muertos en el

universo

los días pasan

como una letanía eterna de luces

son los penitentes que caminan

eternamente

tras la continua e infinita 

línea del tiempo



Carmen Lucía Alvarado Benítez

Quetzaltenango, 1985

Poeta y editora. Ha publicado los libros de poesía Imagen y semejanza, (2010); Poetas astronautas, (2012); Edad geológica del miedo, (2018); y desde el año 2015 trabaja en la escritura de su poética Pangea Muerte. Su trabajo ha sido incluida en  Edición especial de poesía guatemalteca contemporánea de la Revista Punto de Partida de la UNAM (Ciudad de México, 2015), “Antología de poetas latinoamericanas” de  Rio Grande Review, (El paso Texas, 2016), Transfronterizas, antología de poetas latinoamericanas (Punto de Partida, México, 2016), Al centro de la belleza, (Metáfora, Guatemala, 2016), Revista Casa de Casa de las Américas, 2019.

Fue miembro de los grupos Ritual y Metáfora, con quienes organizó durante varias ediciones el Festival internacional de Poesía de Quetzaltenango y subdirectora de la revista electrónica de arte Luna Park.

Coordinó el libro El futuro empezó ayer, apuesta por las nuevas escrituras den Guatemala de UNESCO y Catafixia Editorial (2013), y es autora del libro Todas aquí, todas ahora. Una constelación de voces para pensar Guatemala del Instituto 25A y Catafixia Editorial (2020).

Ha participado en festivales de poesía, encuentros de creadores y ferias del libro, y sus poemas y ensayos han aparecido en diversas revistas y antologías de México, Costa Rica, Cuba, España y Estados Unidos.

Es fundadora de la Asociación 32 Volcanes en Quetzaltenango, y del sello editorial independiente Catafixia Editorial, el cual dirige desde 2009 junto a Luis Méndez Salinas.



1 comentario:

  1. Muchas gracias por visibilizar la CF de América Central. Creo que a esa genealogía de escritorxs de poesía de CF que mencionan en el episodio, sería importante incluir a la poeta guatemalteca Cristina Camacho Fahsen, que en 1963 publica su primer poemario Siderales. Además posee los poeamarios Espacio (1979), Cosmoalma (1985), Dimensión futura (1990), Poesía
    sideral (1996) y Meridianos de luz (1996). Muy bueno el episodio. :)

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